
Como ya he dicho anteriormente, estando de acuerdo casi totalmente con Antoni Puigverd sobre lo que afirma en su artículo en La Vanguardia, me gustaría puntualizar ciertas cuestiones que no acaban de encajar en el discurso.
En primer lugar, sobre la cultura de masas, resulta muy fácil poner etiquetas y no entrar a fondo en los conceptos. La cultura de masas, a mi entender, no deja de ser una forma eufemística de incultura, de cultura sin esfuerzo, de input sin consecuencias, de todo vale. Subrepticiamente, la cultura de masas, no sería otra cosa que el medio para la simplificación interesada de la sociedad, necesaria para manejarla a través de las técnicas del marketing.
Cuando se habla del consumo como elemento disuasivo de una conducta de esfuerzo y superación, puntualicemos que los más inmersos en su vorágine son los adultos y que lo más consumen es "tiempo para consumir". Es decir, el consumo es el hecho último al que los adultos dedican más tiempo, muy por encima del tiempo dedicado a los hijos o a la pareja.
Antoni Puigverd sabe ver también qué hay detrás del fetichismo hacia el ordenador y las nuevas tecnologías. Se trata de una huida hacía adelante, una solución fácil y rápida, pero quien la toma sabe muy bien que no es una solución real y por eso se cuida muy bien de identificar a un culpable causante del fracaso: la falta de cultura digital del profesorado.
Pues bien; yo niego la mayor. Las TIC, mayormente el ordenador y las pizarras digitales, no son ni serán elementos vitales dentro de la metodología para el aprendizaje. Su mayor relevancia la cobran como elementos propagandísticos y de escaparate. Internet es un almacen de información que el alumno común es incapaz de procesar, dadas sus crecientes limitaciones en comprensión lectora y su escasa capacidad de concentración.