El 9% de los niños catalanes y el 4% de las niñas tienen trastornos de comportamiento graves que requieren una intervención psiquiátrica para evitar problemas mayores en la edad adulta.
Estos datos que se desprenden de la Encuesta de Salud de Catalunya presentada hoy en el Hospital Sant Joan de Déu, que ha sido elaborada por el Observatorio de la Infancia y de la Adolescencia Faros, integrado, además de por este centro sanitario, por los hospitales Clínic de Barcelona, Clínica Universitaria de Pamplona y Gregorio Marañón de Madrid.
El responsable de la unidad de psiquiatría del Hospital Sant Joan de Déu, Lluís San, ha asegurado que los trastornos mentales son una de las enfermedades que más se han incrementado entre la población infantil durante los últimos años y ha destacado la importancia de contar con un buen diagnóstico.
Los niños que sufren este trastorno tienen tendencia a protestar constantemente, a desobedecer las órdenes de sus profesores o progenitores, a romper el material de otros niños o agredir a los animales. "El principal problema es que estas enfermedades son muy difíciles de diagnosticar porque los síntomas se pueden confundir con características del carácter de los niños", ha dicho San. "Nos debemos preocupar cuando este tipo de conductas se alargan en el tiempo y cuando la intensidad de la manifestación excede lo que sería esperable por razones de edad", ha advertido el responsable de psiquiatría de Sant Joan de Deu.
Como ejemplo, Lluís San ha apuntado que "si un niño adolescente muestra características de rebeldía, de mal cumplimiento de las normas domésticas, probablemente estamos asumiendo que eso es algo normal y propio de esa etapa de su vida". "Si ese mismo comportamiento se produce en un niño de siete años que, además, altera la dinámica familiar y escolar. Lógicamente ahí es donde deberíamos preocuparnos y buscar ayuda profesional para tratar de buscar una correcta identificación desde el punto de vista del diagnóstico", ha añadido. Las causas para este trastorno pasan por los factores genéticos y los ambientales y el tratamiento requiere terapia psicoeducativa reforzada con fármacos para reducir la agresividad o la impulsividad en los casos más graves. También se llevan a cabo programas para reforzar la conducta prosocial del niño o un entrenamiento para la resolución de problemas.
El responsable de la unidad de psiquiatría del centro catalán ha asegurado que el factor genético es también muy importante y ha destacado que "a menudo cuando los niños vienen a la consulta con los padres, éstos también acaban haciendo terapia". Este trastorno en la edad infantil o juvenil se puede traducir en problemas de marginalidad o de conductas antisociales en la edad adulta. Para prevenir estos trastornos se llevan a cabo programas específicos dirigidos a la población de riesgo, como por ejemplo preescolares procedentes de familias desfavorecidas o con síntomas de trastornos de conducta
El responsable de la unidad de psiquiatría del Hospital Sant Joan de Déu, Lluís San, ha asegurado que los trastornos mentales son una de las enfermedades que más se han incrementado entre la población infantil durante los últimos años y ha destacado la importancia de contar con un buen diagnóstico.
Los niños que sufren este trastorno tienen tendencia a protestar constantemente, a desobedecer las órdenes de sus profesores o progenitores, a romper el material de otros niños o agredir a los animales. "El principal problema es que estas enfermedades son muy difíciles de diagnosticar porque los síntomas se pueden confundir con características del carácter de los niños", ha dicho San. "Nos debemos preocupar cuando este tipo de conductas se alargan en el tiempo y cuando la intensidad de la manifestación excede lo que sería esperable por razones de edad", ha advertido el responsable de psiquiatría de Sant Joan de Deu.
Como ejemplo, Lluís San ha apuntado que "si un niño adolescente muestra características de rebeldía, de mal cumplimiento de las normas domésticas, probablemente estamos asumiendo que eso es algo normal y propio de esa etapa de su vida". "Si ese mismo comportamiento se produce en un niño de siete años que, además, altera la dinámica familiar y escolar. Lógicamente ahí es donde deberíamos preocuparnos y buscar ayuda profesional para tratar de buscar una correcta identificación desde el punto de vista del diagnóstico", ha añadido. Las causas para este trastorno pasan por los factores genéticos y los ambientales y el tratamiento requiere terapia psicoeducativa reforzada con fármacos para reducir la agresividad o la impulsividad en los casos más graves. También se llevan a cabo programas para reforzar la conducta prosocial del niño o un entrenamiento para la resolución de problemas.
El responsable de la unidad de psiquiatría del centro catalán ha asegurado que el factor genético es también muy importante y ha destacado que "a menudo cuando los niños vienen a la consulta con los padres, éstos también acaban haciendo terapia". Este trastorno en la edad infantil o juvenil se puede traducir en problemas de marginalidad o de conductas antisociales en la edad adulta. Para prevenir estos trastornos se llevan a cabo programas específicos dirigidos a la población de riesgo, como por ejemplo preescolares procedentes de familias desfavorecidas o con síntomas de trastornos de conducta





