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Home ·Socioeconomía Jubilación a la carta (I)

Jubilación a la carta (I)

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Somos muchos los que alguna vez nos hemos sentido desconcertados cuando, enmedio de cualquier conversación, se nos ha tachado de pesimistas y/o catastrofistas por el mero hecho de recurrir a lo que a nosotros nos parecen verdades incontrovertibles. Por ejemplo, hace veinte años que todos deberíamos saber que nuestro sistema de pensiones es insostenible y que la caída brusca del poder adquisitivo de los futuros pensionistas va a ser inevitable.

 

No se trata sólo de un problema demográfico. Dejemos las pirámides poblacionales de lado; creo que es innegable que el avance de una nueva forma de pobreza, una pobreza "estructural", ha sido imparable desde finales de los años 80, tal vez desde antes. ¿Qué es, sino pobreza absoluta, tener que dedicar una vida laboral entera al pago de una hipoteca sobre 90 metros cuadrados? ¿O tener que restringir al mínimo el número de descendientes de una familia? ¿O tener que entregar a los dos adultos de un hogar al mercado laboral para soportar los gastos crecientes de su mantenimiento familiar?

Es cierto que éste ha sido en el pasado un país de hambrunas, de trajes remendados, de picaresca y mentiras para sobrevivir. De polvo y sequía, de yermos inabastables, de emigrantes famélicos y gentes analfabetas... Todo eso está ahí y mejor que no vuelva. Pero es ahora, justo cuando hemos extendido la educación a la totalidad de los habitantes de este país, hemos multiplicado las infraestructuras y nos hemos dotado de un marco democrático y de respeto de los derechos humanos, ahora es cuando unas cuantas verdades sobre nuestra economía y sociedad se nos muestran de una manera diáfana e incontestable.

En primer lugar, nos hemos vuelto muy individualistas y egoístas, si es que ya no lo éramos bastante. Así lo ha puesto de manifiesto la creciente desproporción en el abanico salarial de este país. Las diferencias entre el salario mínimo interprofesional y los máximos se han hecho cada vez mayores. Lo mismo sucede con los que cobran en negro, con las cajas B, con los comisionistas, con los que avalan el negocio inmediato aunque vaya en contra de un futuro equilibrado, con los que intentan defraudar, ocultar plusvalías, simular enfermedades para tener derecho a pensiones o, simplemente, con los que nos empujaron a la hiperinflación tras la llegada del euro. Parece que todo el mundo, hasta quien por estricta necesidad debería defender una mayor cohesión social, está por dar una dentellada a todo aquél que se ponga por delante.

En segundo término, la política se ha puesto al mismo nivel. Se busca el beneficio inmediato, la próxima elección, pero no aquello que sería equilibrado y justo a largo plazo. La inmediatez de las promesas electorales no hace más que dejarnos en evidencia a los electores. Y no pienso hablar más de los políticos porque creo que todos sabemos en que se han convertido los partidos de este país.

Por último, nos encontramos con que los recursos se han vuelto, de repente, finitos. La energía, el agua, el suelo... Ya no podemos pensar en ellos como lo hacían los españoles de los años 60. No podemos ni debemos crecer desmesuradamente porque estos y otros recursos están al límite de sus posibilidades y, por si fuera poco, nuestro estilo de vida pone en peligro el aire que respiramos, el clima que disfrutamos y hasta los alimentos que necesitamos.

Si a todo esto le añadimos que ahora debemos hacernos un lugar en el mundo como simples trabajadores, es decir, competir con excedentes humanos que son capaces de producir más y mejor  que nosotros, pero que a su vez se conforman con mucho menos, entonces queda claro que estamos en el plato de la balanza que, de ahora en adelante, perderá peso y protagonismo.

Por todo lo dicho, y por otros muchos factores que van en la misma dirección, el "pensionazo" era inevitable ya hace mucho tiempo. Al fin y al cabo, de entre todos los desequilibrios que padece nuestra economía, éste es el que acarrea menor coste de popularidad a un gobierno que quiera corregirlo. Otras de las "verdades incontestables" a las que aludía al principio del artículo, sí serían muy difíciles de plantear ahora mismo, con el marco social, las creencias y los valores que nos dominan. ¿O es que a alguien no le parecen indecentes los salarios, primas y pensiones que cobran banqueros, políticos, deportistas de élite y otros muchos colectivos privilegiados? ¿O es que alguien no cree que deberemos reducir nuestra huella ecológica, nuestro consumo, nuestros salarios reales y, a poder ser, nuestros horarios de trabajo?

Tenemos dos opciones: si entre todos no logramos llegar a un acuerdo "racional", a un pacto social para acometer estos cambios, será la pura necesidad y la fuerza de los hechos la que al final nos obligarán de una manera drástica y brutal a hacerlo, cuando ya hayamos perdido todo margen de maniobra y nos veamos acorralados. Por desgracia, la experiencia demuestra que rara vez optamos por la primera.


Última actualización el Domingo, 31 de Enero de 2010 00:02  

Comentarios  

 
0 #3 Miki 31-01-2010 13:59
Estudiaré la oferta, sinceramente temo no estar a la altura... pero si puedo compaginarlo con mi blog y tengo algo que explicar, prometo hacéroslo saber.
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+1 #2 minosabe 31-01-2010 12:38
Gracias, pero nos conformamos con tener lectores activos como tú. Por cierto, estás invitado a escribir lo que quieras y entrarlo en la página principal. De momento sólo somos cuatro publicadores...
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0 #1 Miki 31-01-2010 11:59
Enorme el post!!, me ha gustado tanto que lo he mandado a menéame.net. Espero que os ayude a generar el tráfico que esta web merece.

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