Llega el momento de entrar un poco más en profundidad en el análisis de las propuestas de Gilbert Martínez. Buena parte de ellas constituyen un desideratum muy loable y, posiblemente, su implementación nos llevaría a un escenario económico más saludable.
Se me antoja, sin embargo, que existe el riesgo de recoger ideas y creencias muy extendidas que a mi me parecen bastante objetables. A continuación les doy un repaso:
- Alusión a la necesidad de un cambio de legislación que faculte a los poderes públicos para rescindir a los funcionarios de su condición. En principio, nada que objetar. Un mal funcionario debe poder ser reprendido y cesado, pero en igualdad de condiciones que los demás trabajadores, o sea con derecho a subsidio de desempleo e indemnización. También se debería contemplar que la evolución salarial de los funcionarios replicase a la del sector privado anualmente, cosa que no ha ocurrido en muchos lustros.
- No se dispone ninguna medida para asegurar la transparencia y publicidad en la contratación de trabajadores en el ámbito del sector privado. Debería emprenderse una reforma en el derecho laboral por la cual todos pudiéramos cotejar los méritos y capacitación de cualquier trabajador en cualquier parte del organigrama de una empresa. A tal efecto, podría elaborarse una base de datos pública en la que debieran registrarse todos y cada uno de los datos relevantes de la vida académica y profesional de todos los ciudadanos en activo. En lo concerniente a los directivos, altos cargos, consejeros delegados y otros trabajadores supuestamente muy cualificados, tal medida podría evidenciar la falta de justificación profesional de muchas contrataciones y designaciones. Respecto de los contratos a tiempo parcial, su promoción facilitaría la conciliación laboral, pero me temo que las familias con hipotecas, las que están en riesgo de ruptura, las que tienen a cargo alguien en dependencia, etc., no podrían abonarse a esa solución, máxime cuando también debe plantearse qué miembro de la pareja entra en situación de subempleo y a cambio también de qué. Más de una feminista entraría a este trapo.
- Apoyo a los sectores económicos destacados en el mapa conceptual de Gilbert. Me parece ya ineludible remarcar cuál es nuestro principal problema económico: a corto plazo, poco o nada pueden aportar a nuestra economía soluciones dirigidas al sector servicios y a la sociedad del conociimiento. Dependemos en última instancia de la riqueza producida por la agricultura, pesca, industria y turismo, y además de las disponibilidades energéticas para mover estos sectores.
En un planeta en el que la locura demográfica no tendrá un punto de inflexión hasta 2045-50 (si nos guiamos por las proyecciones actuales) la disponibilidad de recursos mineros, agrarios, pesqueros y energéticos tiende a 0. Seremos más pobres. La economía del conocimiento, nueva economía, o como se la quiera llamar, deberá optimizar el acceso a los bienes materiales y a los alimentos de una población en aumento constante. De lo contrario, las desigualdades se acentuarán y la extensión de la pobreza retroalimentará la explosión demográfica. Por eso me parece versallesco el pensar que unas pinceladas de "nueva economía" van a solucionar problemas mayúsculos que llevan cuarenta años esperando ser abordados y que ningún político tiene siquiera el valor de enunciar. - Jubilación con incentivos y progresiva. Ahí estamos totalmente de acuerdo.
- Empleabilidad y formación continua. Creo más bien poco en la formación continua, a excepción hecha de la formación individualizada y la on-line. Se pierde mucho tiempo en los desplazamientos, se calienta mucha silla mientras se recibe formación de las de lápiz y papel, se asumen posiciones impuestas "en vertical" con ausencia total de posturas críticas y, sobre todo, se trata de consensuar todo aquello que es accesorio e irrelevante en larguísimas sesiones que se convierten en guerras de egos. La formación continua tendría sentido si se rebañaran unas pocas horas de la jornada laboral para dedicarlas a la reflexión y a la visualización de conjunto de nuestras actividades. Hay que ser reinventores de nuestra profesión, pero eso sólo depende de nosotros y de nuestra capacidad individual.
- ¿Oficina fiscal (...) para control de monopolios y burbujas? Creo que no hay que burocratizar ni fiscalizar más la economía real. Bastaría con una ley orgánica para la equiparación de escalas, remuneraciones, primas, gratificaciones y pensiones. La ratio de rendimientos dinerarios entre el primer y el último ciudadano activo o pasivo del país no debería exceder la escala 1:4. Por supuesto, se trata de una utopia ilusoria dada la volubilidad del ser humano, pero siempre sería mejor que crear otra instancia tributaria replicante de las ya conocidas.
- Por lo que respecta al sistema educativo, es evidente que la mayor parte de la ciudadanía, e incluso algunos docentes, vive en una auténtica quimera. Todo el mundo en este país echa de menos un sistema educativo mejor que ni ha existido ni existirá mientras las bases sean las de una educación sin coste económico en la práctica.
Pedirle al sistema, a nuestra sociedad, una educación bilingüe o trilingüe es como pedirle a un mudo que afine. No tenemos un número apreciable de docentes aptos para ello, porque nuestra sociedad no los produce. Y no los produce porque prefiere la telebasura a las películas subtituladas, el fútbol a los documentales, la prensa rosa a la científica. ¿Qué razón tiene para ser bilingüe una sociedad que se basta y se sobra con 100 vocablos para asegurar que "mi nivel de inglés es alto"? Ciertamente, muchos trabajadores, incluso cualificados, no necesitan más para su ejercicio profesional. - Y para seguir con las falacias y entelequias: ¿qué capacidad crítica va a tener un estudiante de secundaria que ni siquiera ha sido capaz de memorizar las tablas matemáticas? ¿Qué capacidad de análisis tiene un sistema educativo que produce un 50% real de fracaso escolar (y me quedo corto)? ¿Quién va a exigir algo a algún alumno si a su sistemática negativa la única respuesta posible es el de la "mediación"? Y lo que es más importante, ¿cómo mantener en un modelo educativo casi exclusivamente academicista al grueso de un alumnado que no es capaz de experimentar ninguna curiosidad intelectual? ¿Está escrito en el deuteronomio que sea una falta trabajar a los 16 años? ¿La etapa de formación debe quedar obligatoriamente circunscrita al primer tercio de la vida de una persona?
- En definitiva, hay que ser mucho más realistas en las propuestas de cambio y no donarse a
desfacer entuertos a la manera quijotesca, con planteamientos ilusorios y únicamente sustentados en lo voluntarioso, en lo deseable, perdiendo de vista los posibles de una sociedad que cambia lentamente y no siempre a mejor.






Comentarios
¿Y preguntas qué es lo que falla?
2b) Como decía Jack el destripador 'vayamos por partes'. Que existan familias (muchas) enganchadas con la hipoteca (o con laS hipotecaS y los coches que ligaron a ellas) y necesiten trabajar ambos 12 horas al día es una cosa. Que por eso se niegue a que otros puedan optar al menos a trabajar 4 o 5 o que gracias a eso haya alguien que pueda dedicar tiempo de calidad para sí o para sus hijos es otra muy diferente. Para mí trabajar 5 horas no es una situación de 'subempleo' sino que puede ser una situación de 'alta productividad laboral por hora' y mejor calidad de vida personal (e incluso familiar).