El día en que la bolsa se nos ha desplomado -otra vez- y en que se nos ha revelado que el paro registrado ya ha superado el 20% de la población activa, se me hacía difícil escoger un título cinematográfico para este artículo : ¿La tormenta perfecta?, ¿El hundimiento?, ¿La última ola?, ¿El día después?, ¿Deep Impact?, ¿Trouble The Water...?
Pero, sea como sea, es una jornada perfecta para explicar, aprovechando las circunstancias, hasta qué punto las falacias pueden llegar a convertirse en axiomas incuestionables si, en primer lugar, se repiten y propalan por todos los medios hasta la saciedad, en segundo lugar, se simplifican hasta el extremo que casi todo el mundo las juzgue evidentes y, en tercer lugar, proclaman algo que se está predispuesto a creer porque promete beneficios a cambio de poco o nulo esfuerzo.
La falacia en cuestión es la del liberalismo económico. De las simples e incontrovertibles leyes de la oferta y la demanda, que todo lo explican y nos llevan indefectiblemente al progreso social, estamos pasando a velocidad de vértigo a los riesgos país, ataques especulativos contra el euro, contra las deudas soberanas, deflación, inyecciones de liquidez y una larga retahíla de conceptos que, curiosamente, ya no son ni simples, ni beneficiosos, ni nadie se toma la molestia de convencernos de su necesidad.
Intentaré explicarme mejor: cuando a un payés de Lleida le pagaban la fruta a precio de coste y se veía en la encrucijada de abandonar la explotación o perder dinero con ella, se le decía que la globalización implica eso y mucho más, que era positiva y que hacía que regiones del globo asoladas por la pobreza pudieran desarrollarse. Hete aquí como un tomate de Marruecos podía arruinar a nuestros agricultores (y de paso contaminar nuestros cielos con su transporte, obligarnos a pagar más impuestos para mantener carreteras por donde transportarlo, etc.).
Ahora resulta que los especuladores financieros quieren hacer su agosto atacando al euro, a las deudas soberanas periféricas de una decrépita Europa, y nadie nos explica cómo este fenómeno, siendo consecuencia directa de una economía ultraliberal, nos puede rematar y dar con nuestras economías al traste. Nadie nos cuenta por qué tan pocas manos van a obtener tanto beneficio en detrimento de sistemas económicos que, como el de la misma Grecia, no hicieron otra cosa que creerse las grandes verdades del capitalismo liberal y de la ingeniería financiera, sin que eso les exima de su propia responsabilidad.
No quiero aburrir más con estas consideraciones, así que echando mano de algunos recursos que han elaborado algunos de los colaboradores de Ecolnomia, dejaré que cada cual se haga libremente su composición de lugar.
(Continúa en el siguiente artículo).





