En Alemania, las iniciativas antidéficit que el gobierno está tomando estos últimos días son, en su mayor parte, un nuevo desafío para la integridad del estado social.
El ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, reiteró ayer su obsesión por el recorte del déficit público y mantuvo su intención, ya expresada en junio, de recortar el gasto público hasta 80.000 millones de euros hasta 2014. Para ello, anunció nuevos recortes sociales, impuestos especiales para los billetes de avión y una alza de los precios reales de la energía para las empresas.
Dentro del c
aptulo de los recortes sociales, llama la atención la supresión de una parte importante del subsidio social en el que recalan los desempleados de larga duración. El ministro afirmó que este subsidio sólo se mantendría en los casos reales de exclusión social inevitable, pero que desaparecería para aquéllos que estuvieren en condiciones de encontrar trabajo.
De esta manera, se calcula que el ahorro total llegaría a los 20.000 millones de euros en cuatro años, añadiendo nuevas tasas para la generación de energía nuclear (un tema polémico, ya que entra de lleno en la guerra que la industria atómica libra contra las llamadas energías renovables).
En total, las medidas aprobadas ayer conllevan un ahorro de 20.000 millones de euros para los próximos cuatro años, según un portavoz del Gobierno. Esa cifra deberá añadir los 2.300 millones que generará el impuesto especial sobre el combustible nuclear a los consorcios energéticos propietarios de plantas atómicas.
Y por lo que se refiere a la inusual nueva tasa sobre los billetes de avión, la cuantía oscilaría entre los 25 y 40 euros por billete, algo que entregaría un monto total de un poco más de 1.000 millones a las arcas del estado.
Así pues, si un estado como el alemán, cuya economía sorprende por su rápido crecimiento, emprende este compendio de medidas, no hace falta ser un gurú de la economía para comprender que el alza fiscal y los recortes que se esperan en España pueden ser de los que ponen los pelos como escarpias. Aunque también cabe la posibilidad de seguir mareando la perdiz hasta el momento de las elecciones, tras las cuales, los tijeretazos vayan a ser mayúsculos.
Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar...






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